Cuentos de animales Los músicos de Bremen

Este cuento breve se lo dedico a mi amiga Mirta, pues es uno de sus consentidos. Un burro viejo que había estado acarreando costales de harina para el molino, se percató de que su amo planeaba sacrificarlo, pues según él, “ya era tiempo de que descansara”. Para evitar ese terrible desenlace, el animal se escapó durante la noche y pensó que podría comenzar una nueva vida dedicándose a tocar la guitarra en Bremen.

Por el camino, se encontró a un perro que sostenía una bolsa con su hocico.

– ¿Qué haces aquí canino? Preguntó.

– Me escapé de mi casa, ya que mi amo no hace más que pegarme. Lo malo es que no tengo a donde ir.

Cuentos de animales Los músicos de Bremen

– Ya sé, porque no vienes conmigo. Yo me dirijo a Bremen para laborar como músico. Si quieres, podemos formar un dueto en el que tú toques las percusiones.

– Sí, creo que puedo hacer eso. Además los boleros siempre me han gustado.

De ese modo, el burro y el perro prosiguieron el camino. Horas más tarde, se asustaron al escuchar unos gruñidos que provenían de un oscuro callejón.

– ¿Qué es eso? Tengo miedo. Exclamo el perro.

– Los ruidos vienen de allá. Me acercaré para ver de qué se trata. Replicó el burro.

Fue así como de entre las sombras emergió un maltrecho gato al que le faltaban dos bigotes.

– Buenas noches, no quise asustarlos. Deseaba atrapar un ratón que lleva ya un buen rato escondido en ese bote de basura, mas creo que mi reflejos ya no son los mismos de antes. Pronunció el felino.

– No me digas. ¿Tú también perdiste tu hogar?

– Sí y no. Les explico. Sucede que mi ama vivía en una casa de reposo y hace una semana falleció. La dueña del asilo, me echó a la calle esa misma tarde. Cómo me gustaba sentarme al lado del calefactor en esas noches lluviosas. En fin, pronto la veré en el cielo.

– No digas tonterías. Aún tienes mucho por vivir. Ven con nosotros, somos un dueto de artistas que está predestinado a triunfar en Bremen. Por supuesto, hay cupo para alguien más.

– ¿De verdad me invitarían a participar en su grupo? Cuestionó el gato.

– Sí. Puedes tocar la trompeta. Dijo el perro.

Ahora el trío, ya se encontraba a menos de un día de llegar a su destino. No obstante, mientras pasaban frente a una granja oyeron a un gallo que cantaba desesperadamente.

– ¿Por qué cantas, si son las siete de la noche? Preguntó el burro.

– Canto porque desgraciadamente mis ojos, ya no funcionan como deberían y pensé que estaba por amanecer.

– Si vienes con nosotros a Bremen, no tendrás que preocuparte, pues al aceptar ser el cantante de nuestra agrupación, nosotros te cuidaremos.

– Magnífico, cuenten conmigo. Expresó el gallo.

Ya en Bremen los animales vieron que unos bandidos estaban robando una tienda de instrumentos abandonada. Idearon un plan y con astucia lograron ahuyentarlos, sin que los pillos pudieran robarse una sola cosa.

Remodelaron el lugar y desde ese día tocan en el local. La gente que pasa por ahí les deja monedas y comida.