Cuento infantil El nuevo traje del emperador

En un reino muy lejano, vivía un emperador muy bueno que era conocido por ser compasivo y ayudar a los necesitados, siempre que éstos le pedían auxilio. Sin embargo, el soberano tenía una debilidad: le encantaba estrenar un traje nuevo cada día del año.

– ¡Estoy hastiado de los mismos diseños y colores! ¿Qué no habrá alguien en otra comarca que sea capaz de crear algo completamente diferente? Le decía insistentemente a su ayuda de cámara.

– ¿Por qué no le pide a sus soldados que le busquen nuevos costureros?

– Es una brillantísima idea. Antes de que se ponga el sol, les daré la orden para qué lo localicen lo antes posible.

Cuento infantil El nuevo traje del emperador

Además, el emperador ofreció una recompensa de 1000 monedas de oro a quien pudiera crear un vestuario único para usarlo en la cena de gala que se llevaría a cabo para celebrar su cumpleaños número 50.

Dos pillos de una población cercana leyeron el aviso y urdieron un plan para estafar al monarca de una manera tan sutil, que nadie se daría cuenta.

Los individuos se presentaron alegando ser sastres de alta escuela, acostumbrados a trabajar solamente con seda de la más alta calidad e hilo de oro.

– Su majestad, nos gusta trabajar con total privacidad. Por eso, mi compañero montará los telares en una habitación del palacio, más no queremos que nadie nos interrumpa mientras estamos laborando.

– Si descuiden, el gran visir se encargara de que no los perturbe ni el aleteo de una mariposa.

Los días transcurrieron y del improvisado taller no salía ni el más mínimo ruido. Eso preocupó al encargado de vigilar el proceso de confección del vestuario real, por lo que fue a ver qué era lo que sucedía.

Al entrar al salón quedó boquiabierto al notar que los telares no habían sido utilizados. No obstante, el oro y la seda habían desaparecido.

– ¡Oigan ustedes, que treta es esta! Cuando el emperador se entere, hará que sus cabezas rueden hasta el fin del mundo.

– ¿Pero que no ve aquel traje que está sobre la mesa? Esa es la vestimenta que le llevaremos el día de mañana a su majestad, para que se la pruebe.

El hombre por más que se restregaba los ojos, no podía ver nada.

– ¡Pero si ahí no hay ningún traje! Replicó enfurecido el representante del emperador.

– ¡Ah, ya sé porque no puede verlo! Es usted un ignorante. Únicamente los inteligentes pueden apreciar la belleza de una pieza tan delicada como la que se encuentra aquí. Respondió uno de los supuestos sastres.

En cuanto expresó eso, el hombre asintió con la cabeza y comenzó a decir:

– Ahora que lo dice, claro que lo veo. Es de color dorado con vivos en tonos rojizos ¿no es así?

– En efecto, es de ese color que usted menciona.

El encargado acudió a los aposentos del emperador y le contó lo ocurrido. El monarca, para no pasar como “tonto” les siguió el juego y el día de su cumpleaños iba vestido únicamente con su ropa interior.

Su séquito y los invitados se aguantaban a duras penas la risa de verlo semidesnudo. Más nadie decía nada porque el gran visir se había encargado de contarles la historia antes de que bajara el gobernante.

La celebración siguió tranquila hasta que uno de sus sobrinos se le acercó al emperador y le dijo:

– Tío, ¿porque hoy no llevas traje?

Al oír eso, el emperador comprendió el engaño y mandó apresar a los sastres. Pidió disculpas y subió a toda prisa a ponerse uno de sus “viejos” trajes. Encuentra más cuentos cortos en este blog.