Cuento de terror Entre criptas y lápidas

Cuando cursaba el quinto año de primaria, mi mamá me mandaba a la cama muy temprano. Permanecía en silencio hasta que las luces de mi hogar se apagaban y entonces encendía el televisor en un canal en el cual pasaban cuentos de terror para niños. Es decir, películas de miedo antiguas que obviamente por los efectos especiales de ese tiempo, no me provocaban ningún temor.

Al día siguiente desperté, me desayuné y me fui al colegio. A la hora de la salida, varios de mis compañeros dijeron que irían a jugar a las cercanías del cementerio. Yo les comenté que prefería irme a mi hogar a hacer mis deberes, pero ellos se burlaron de mí, afirmando que era un “gallina”. No podía permitir que me catalogaran de esta forma, ya que al día siguiente los demás alumnos comenzarían a llamarme así.

Los acompañé hasta la entrada del panteón y al percatarme de que estaba cerrado, pensé en que podría irme a casa, pero en el momento uno de los muchachos se saltó la reja y los demás lo siguieron. Ya dentro del camposanto, un escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies, pues como por arte de magia del cielo se comenzó a nublar y las gotas de lluvia empezaron a descender copiosamente.

A la mayoría de las tumbas del panteón les hace falta mantenimiento, ya que algunas lápidas yacían tiradas al lado de las criptas, debido al crecimiento irregular del césped. Escuché fuertes ruidos que venían detrás de mí y al ver de qué se trataba, del interior de mi cuerpo salió un alarido que hizo que mis compañeros huyeran despavoridos. Se trataba de unos zombies que me perseguían.

Cuento de terror Entre criptas y lápidas

A muchos de ellos la poca piel que les quedaba sobre los huesos, se les iba cayendo a pedazos a cada paso que daban. Súbitamente me rodearon y creí que iba a morir. En eso escuché los aullidos de gatos, abrí los ojos y vi emocionado que estaba en mi cama. Había sido solo un mal sueño fruto de tantos cuentos que había escuchado.